miércoles 8 de agosto de 2007
"El día que Bielsa vuelva, el fútbol saldrá ganando"
Tomás Landoni (socio nº 8) nos acercó esta nota de opinión publicada en La Nación el 7 de agosto de 2007, escrita por Claudio Mauri:
Más allá de que su regreso a la actividad se concrete en Chile o en cualquier otro equipo o seleccionado, la reaparición de Marcelo Bielsa sería una noticia para celebrar porque beneficiaría a todo el fútbol en general. Cuando los más capaces salen de la escena pública, esa ausencia se siente, se hace notar. Fue lo que ocurrió con Bielsa.
Con el retiro voluntario del rosarino, el fútbol perdió capacidad de análisis, se empobreció en sus enfoques, se redujo el debate. Porque Bielsa es un personaje muy rico, tanto en la coincidencia como en la discrepancia. En un ambiente saturado de latiguillos y eslóganes, de frases huecas, Bielsa es una puerta al conocimiento, a la indagación. Con él se había vuelto a discutir sobre la conveniencia o utilidad de los extremos, a considerar si el juego requería aceleración o pausa, a evaluar la función del enganche, a establecer la influencia que
Verón, Aimar o Riquelme ejercían sobre los esquemas.
Como personaje contracultural en un medio que se fue poniendo muy despiadado, en el que la inmediatez casi nunca permite un juicio justo, Bielsa se llamó a un ostracismo que está cerca de cumplir tres años. Porque no se trata sólo de ganar o perder, de recibir un elogio más o menos. La ética del trabajo de Bielsa no encuentra mucho espacio en un fútbol habituado a conductas más turbias y acomodaticias.
Al entrenador le cabe un reproche por no volver a hacerse oír ni dirigir un equipo desde que en un anochecer de septiembre de 2004 informó su renuncia al seleccionado porque no tenía "las energías necesarias" para seguir adelante. Desde entonces se guarda muchas observaciones y análisis sobre un deporte que lo sigue apasionando como cuando estaba al frente de un equipo. Un acto de egoísmo que el fútbol tiene derecho a demandarle por la necesidad de contar con los mejores profesionales, con las mentes más lúcidas.
Sus puntos de vista pasaron a ser valorados y reconocidos por los interlocutores de reuniones privadas. Hace un tiempo, Pep Guardiola, un español que se retiró como un volante de notable panorama y distribución del juego, comentó que había tenido "la fortuna" de pasar un día con Bielsa en "una larga y maravillosa conversación". Y recordaba una frase de Bielsa que le quedó grabada: "Pep, a los buenos jugadores los vemos vos, yo y la mayoría de la gente. Pasa lo mismo con los jugadores malos. El mérito está en advertir y saber que el jugador normal va a ser bueno" . Esa mirada de Bielsa que va más allá de la superficialidad es la que el fútbol sigue esperando.
http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=932341
Más allá de que su regreso a la actividad se concrete en Chile o en cualquier otro equipo o seleccionado, la reaparición de Marcelo Bielsa sería una noticia para celebrar porque beneficiaría a todo el fútbol en general. Cuando los más capaces salen de la escena pública, esa ausencia se siente, se hace notar. Fue lo que ocurrió con Bielsa.
Con el retiro voluntario del rosarino, el fútbol perdió capacidad de análisis, se empobreció en sus enfoques, se redujo el debate. Porque Bielsa es un personaje muy rico, tanto en la coincidencia como en la discrepancia. En un ambiente saturado de latiguillos y eslóganes, de frases huecas, Bielsa es una puerta al conocimiento, a la indagación. Con él se había vuelto a discutir sobre la conveniencia o utilidad de los extremos, a considerar si el juego requería aceleración o pausa, a evaluar la función del enganche, a establecer la influencia que
Verón, Aimar o Riquelme ejercían sobre los esquemas.
Como personaje contracultural en un medio que se fue poniendo muy despiadado, en el que la inmediatez casi nunca permite un juicio justo, Bielsa se llamó a un ostracismo que está cerca de cumplir tres años. Porque no se trata sólo de ganar o perder, de recibir un elogio más o menos. La ética del trabajo de Bielsa no encuentra mucho espacio en un fútbol habituado a conductas más turbias y acomodaticias.
Al entrenador le cabe un reproche por no volver a hacerse oír ni dirigir un equipo desde que en un anochecer de septiembre de 2004 informó su renuncia al seleccionado porque no tenía "las energías necesarias" para seguir adelante. Desde entonces se guarda muchas observaciones y análisis sobre un deporte que lo sigue apasionando como cuando estaba al frente de un equipo. Un acto de egoísmo que el fútbol tiene derecho a demandarle por la necesidad de contar con los mejores profesionales, con las mentes más lúcidas.
Sus puntos de vista pasaron a ser valorados y reconocidos por los interlocutores de reuniones privadas. Hace un tiempo, Pep Guardiola, un español que se retiró como un volante de notable panorama y distribución del juego, comentó que había tenido "la fortuna" de pasar un día con Bielsa en "una larga y maravillosa conversación". Y recordaba una frase de Bielsa que le quedó grabada: "Pep, a los buenos jugadores los vemos vos, yo y la mayoría de la gente. Pasa lo mismo con los jugadores malos. El mérito está en advertir y saber que el jugador normal va a ser bueno" . Esa mirada de Bielsa que va más allá de la superficialidad es la que el fútbol sigue esperando.
http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=932341
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